¿Qué es la Antropología?


Un Dios antropomórfico creando al hombre. Capilla Sixtina, Miguel Angel



Introducción

Ya lo he dejado escrito en otros artículos de Sociología Divertida, la antropología – en este caso la antropología social – fue una de las asignaturas que más me gustaron en mis tiempos de estudiante.

Fue de estas asignaturas que te enamoran, te parecen tan interesantes que no te conformas con lo que te dan en clase y amplías con más libros o artículos, lo cual tiene su peligro porque le quitas tiempo a otras asignaturas menos atractivas pero que hay que aprobar también. 

Estudiar antropología social es, en cierto modo, como ver documentales del “National Geographic”, hasta ese punto puede ser divertido. Es tanta la variedad cultural de estos pequeños, afanosos e inquietos seres humanos que habitan este viejo planeta, tantas costumbres originales diversas, apartadas en la distancia y en el tiempo de las nuestras, que no paras de asombrarte.

Ahora bien, como suele pasar en otras ciencias sociales, definir y establecer los límites de la antropología es tarea difícil. En el caso que nos ocupa yo diría que especialmente difícil. En primer lugar porque el concepto de antropología ha evolucionado mucho con el tiempo. En los principios de esta ciencia, el objeto era el estudio de lo que entonces, sin ningún rubor, se llamaban pueblos primitivos. Y no es hasta mediados del siglo pasado, quizás gracias a la figura de Levi-Strauss (1), cuando esta disciplina incorpora como objeto de estudio al ser humano a través de la ciencia contemplada en toda su integridad, es decir, desde una perspectiva holística. Esta nueva etapa se la podría caracterizar en única frase del propio Levi-Strauss cuando dijo que no existen pueblos en estado infantil. En la antropología moderna caben tanto estudios sobre una tribu de Nueva Guinea-Papúa y sobre una tribu urbana de una ciudad occidental.

En segundo lugar porque existe una confusión lógica entre el término antropología y el término etnología que no nos  ayuda precisamente a entender de qué estamos hablando. En opinión de Lombard (2), la diferencia entre ambas, si es que existe, sólo aparece cuando se examinan estos términos teniendo en cuenta las escuelas teóricas principales. El término antropología se usa más en las escuelas de influencia anglosajona y el término etnología se ha usado siempre en la escuela francesa conservado a contracorriente por razones institucionales y académicas y, supongo también, por esa tozudez tan francesa de mantener sus valores culturales resistiendo la fuerte ola de americanismo que nos invade. Visto lo cual, creo que podemos aventurarnos a considerar ambos términos como sinónimos.

Y en tercer lugar, como señala Kottak (3), porque se trata de una ciencia holística que estudia el pasado, el presente, la biología, la sociedad, el lenguaje y la cultura humanos. Y, como consecuencia, tiene muchas aplicaciones que han dado lugar a múltiples subdisciplinas que merecerían ser campos científicos separados como la antropología social y cultural, la antropología biológica y física, la antropología forense o la lingüística entre otras. 

Sin embargo hay un denominador común que une todas estas materias. Kottak nos habla de un interés común en la evolución. Evolución biológica y cultural, resultado de la adaptación humana a su entorno cambiante por ambas vías y que ha producido una evolución histórica de las formas sociales. Sin olvidar que, en este proceso, la gente ha tenido que ir enfrentándose a fuerzas generadas por sistemas cada vez más amplios en una escala que abarca la localidad, la región, la nación y, últimamente, el mundo. Cómo las personas se adaptan a estos cambios es objeto de estudio de la antropología. 

La antropología y sus disciplinas asociadas

Hemos visto en la introducción que hay razones históricas, geográficas y de aplicación a distintos campos de estudio, detrás del surgimiento de varias disciplinas que comparten en el marco común de la antropología. 

En este apartado vamos a dar un repaso a todas estas disciplinas. Hay que decir que no existe una clasificación única, hay bastante discrecionalidad entre los autores sobre lo que merece ser señalado como disciplina asociada o subdisciplina o como simplemente una aplicación específica de la antropología. Para resolver este problema vamos a basarnos en la clasificación del antropólogo norteamericano Philip Kottak. 

De esta manera, lo que sería la antropología general se puede subdividir en: antropología sociocultural, arqueología, antropología biológica, antropología lingüística, distintas antropologías aplicadas y la antropología filosófica, ésta última no la cita Kottak pero se encuentra a menudo nombrada en artículos y libros, así que algo diremos de ella.

La antropología sociocultural - o social y cultural, o social, o cultural, o socioantropología que de todas estas formas puedes encontrarla en la bibliografía - es el estudio de la sociedad y la cultura con especial énfasis en las similitudes y diferencias culturales entre sociedades tanto en el tiempo, es decir, la historia, como en el espacio entendido como el territorio o como la diversidad geográfica.

En este estudio comparado entre sociedades se distingue entre lo universal – las características biológicas, sociales y culturales compartidas por todos los seres humanos –, lo general – compartidas por muchos grupos humanos pero no por todos – y lo particular – propias de un grupo humano-.

Kottak señala dos aspectos principales en la antropología sociocultural: la etnografía y la etnología. La etnografía proporciona la descripción de un grupo humano, una sociedad o cultura particulares. Se basa en el trabajo de campo. Tradicionalmente, los etnógrafos han convivido con pequeñas comunidades y estudiado el comportamiento local en lo que se denomina observación participante (4).

El segundo aspecto es la etnología. Kottak, ya hemos visto la opinión del antropólogo francés Lombard en la introducción,  identifica la etnología y el análisis antropológico. Es el análisis y el estudio comparado de los resultados de la etnografía - y de las otras subdisciplinas - con el objeto de identificar y explicar las características culturales de la sociedad estudiada y las diferencias y similitudes entre culturas distintas.

La arqueología o antropología arqueológica reconstruye, describe e interpreta el comportamiento humano y los patrones culturales mediante el análisis de los restos materiales. Normalmente estos estudios se realizan sobre culturas históricas pero también hay estudios sobre sociedades vivas. Como curiosidad, como ejemplo de esto último, podemos citar la basurología (garbology) que es una disciplina que nace en los Estados Unidos hacia mediados de la década de 1970 y consiste en el estudio sistemático de la basura. Quienes la practican, a partir del análisis de los restos en los vertederos, estudian los hábitos de consumo de una población y de ahí gran parte de su comportamiento social.

El objeto de estudio de la antropología biológica o física es la diversidad humana en el tiempo y el espacio debido a presiones medioambientales - como el calor, el frío, la humedad, la altitud o las enfermedades - y a las características genéticas que varían en función de dichas presiones. 

La antropología lingüística se centra en el estudio del lenguaje en su contexto social y cultural. Se analizan las lenguas en un contexto temporal y geográfico con el fin de inferir las características universales del leguaje, de reconstruir lenguas antiguas o de descubrir patrones de pensamiento. Cuando se fija el objeto de estudio en la variación linguisitica en una lengua concreta, para mostrar cómo el habla refleja las diferencias sociales, se denomina sociolingüística

La antropología aplicada incluye cualquier uso del conocimiento y de las técnicas de las cuatro subdisciplinas que hemos descrito en párrafos anteriores para identificar, evaluar y resolver problemas prácticos. Por ejemplo se habla de antropología médica cuando los antropólogos colaboran en programas de salud pública que tienen que ser compatibles con la cultura de la población a la que va destinada esa política sanitaria, o bien, cuando los antropólogos trabajan para agencias de desarrollo o cooperación, evaluando las características culturales de las sociedades destinatarias de las ayudas. Y, cómo no, lo que estamos hartos de ver en las series policíacas norteamericanas, los antropólogos forenses que trabajan con la policía, los médicos y los juzgados para identificar a las víctimas de accidentes o asesinatos a partir de los restos humanos.

Por último, en esta contabilidad de antropologías, vamos a citar a la antropología filosófica. Ésta puede entenderse de dos maneras. En primer lugar podríamos hablar del estudio filosófico del ser humano desde los comienzos de la filosofía. Otra manera de entender la expresión sería más restringida, y se aplicaría a un movimiento o escuela de pensamiento fundada en Alemania en los años 1920 y 1930, formada por filósofos, antropólogos y sociólogos.

El objeto de la antropología filosófica como escuela de pensamiento sigue siendo el fenómeno humano, en especial, aquellas manifestaciones que entrañan un cierto enigma o paradoja, tales como el hecho del conocimiento científico, de los juicios de valor, de la libertad, de la comunicación interpersonal y de la religión. En la antropología filosófica el hombre es sujeto y objeto al mismo tiempo. Sus principales representantes son Max Scheler (5), Helmuth Plessner (6) y, el contemporáneo,  Peter Sloterdijk (7). En los últimos años, la antropología filosófica ha tenido cierto predicamento entre los intelectuales latinoamericanos (8).

La antropología y las otras ciencias sociales

Es difícil distinguir entre la sociología y la antropología sociocultural por su objeto de estudio. Ambas ciencias se preocupan por las relaciones sociales y culturales, se diferencian más por sus métodos y sus enfoques, es decir, por su forma de aproximarse a su objeto de estudio.

En los comienzos de ambas ciencias los sociólogos se dedicaron predominantemente al estudio de las sociedades del Occidente industrial. En cambio, como ya hemos comentado, los antropólogos iniciaron sus estudios en las sociedades no industriales. Dicho de un modo simple, realizaban estudios del mismo tipo sobre sociedades de distinto tipo.

Esta situación dio pie al uso de métodos de trabajo diferente. Los sociólogos prefirieron los métodos cuantitativos como el uso de la ciencia estadística y de las encuestas. Los antropólogos prefirieron técnicas cuantitativas como la observación participante y la etnografía.

Sin embargo esto no podía quedar así, es demasiado sencillo. Con el tiempo se ha producido una convergencia entre la antropología y la sociología en el marco de una creciente comunicación interdisciplinar y una gran expansión de la industrialización por esos mundos de Dios. Muchos antropólogos trabajan en las sociedades industriales en las que estudian los temas más diversos como el declive rural, la vida en la ciudad o la imposición de patrones culturales en los medios de comunicación por poner tres ejemplos pero son innumerables. Incluso se pueden encontrar empresas de socioantropología que se ganan la vida bastante bien (9).

También hay puntos de conexión entre la antropología y la economía, la etnografía ha contribuido a desentrañar los principios que mueven la economía en otras culturas.  Por otra parte es notable la influencia de la ciencia económica en la antropología norteamericana, por ejemplo, en movimientos como el materialismo cultural (10).

El enfoque antropológico, con su empeño en el estudio de las culturas en las sociedades humanas, ha tenido influencia en el estudio de las humanidades desde las bellas artes, hasta el modo de apreciar el arte popular y el folclore.

Pero no queda ahí la cosa, como dice Kottak, la mayoría de los psicólogos realizan sus investigaciones en la sociedad en la que viven, la antropología aporta datos de otras culturas a sus análisis. Por otra parte, la antropología y la psicología social comparten su preocupación por cómo la cultura influye en la personalidad de los individuos (11).

Y ya por último, la antropología y la historia. En las últimas décadas los historiadores interpretan cada vez más los documentos y relatos históricos como textos que requieren un estudio basado en su contexto cultural específico. Por otra parte, ya hemos comentado que ambas disciplinas tienen un interés común por el estudio de los restos materiales de las civilizaciones mediante la arqueología.

Salidas profesionales

Si nos fijamos en la socioantropología, hay un número creciente de campos en donde se demanda formación antropológica. Las administraciones públicas, las empresas y las organizaciones no gubernamentales nacionales e internacionales demandan cada vez más profesionales de la antropología, que se dedican a ofrecer servicios en los que el método de trabajo antropológico representa un valor añadido. 

Entre estas actividades cabe destacar en primer lugar las relaciones interculturales y de gestión de la diversidad cultural. Como por ejemplo las actividades de mediación, sensibilización, gestión y asesoramiento en ámbitos con creciente presencia de población culturalmente diversa y en donde se asiste a conflictos étnicos, raciales, sexuales o religiosos de diversa índole. 

En segundo término las actividades de desarrollo territorial y cooperación internacional como son, entre otras, el estudio de las condiciones socioculturales que propician, contribuyen o frenan el desarrollo humano y socioeconómico. Con especial incidencia en el conocimiento de los saberes locales e indígenas, en los aspectos ambientales, sanitarios, socioculturales, ideológicos o político-jurídicos fundamentales para la promoción del bienestar de los países en desarrollo y en los procesos de desarrollo y transformación socioeconómica.

En tercer lugar en la promoción, conservación y gestión del patrimonio etnológico y cultural. Por ejemplo en actividades relacionadas con el descubrimiento, conservación, gestión y difusión del patrimonio etnológico, museos, centros de gestión del patrimonio cultural, comisariado de exposiciones, dinamización sociocultural, el desarrollo del turismo cultural y la promoción cultural. Todo ello a través del conocimiento local del folklore, la música y el patrimonio etnológico.

En cuarto lugar, siempre nos queda la docencia y la investigación,  en centros de enseñanza universitaria, bachillerato, secundaria, así como en la formación permanente de profesionales de diversos ámbitos que trabajan con poblaciones culturalmente diversas como maestros, policías, funcionarios penitenciarios, educadores sociales, personal sanitario, turismo, entre otros.

Por último están surgiendo otros campos emergentes de trabajo para socioantropólogos como el estudio de patrones culturales en medios de comunicación y de entretenimiento, en estudios de mercado y de imagen de bienes y servicios ofrecidos por empresas.

Respecto a la antropología física y forense  las salidas profesionales más comunes están relacionadas con la participación en equipos que trabajan en identificación humana  en organismos como los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, dentro de la Policía Científica y la Policía Judicial , o como técnicos en las secciones de antropología e identificación humana de diversas instituciones dependientes de la Justicia.

Epílogo

Aquí ponemos punto y final a esta humilde presentación sobre lo que es la antropología, sus subdisciplinas, sus relaciones con otras ciencias sociales y sus posibles salidas profesionales. En la esperanza de que mi esfuerzo haya resultado útil,  haya hecho más comprensible el mundo de la antropología y en la esperanza también  de no haber metido demasiado la pata, pues cuando no habla dentro de su propio territorio, que en mi caso es la sociología, anda más expuesto al error o a la confusión.

Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo

Notas:

  1.  Claude Lévi-Strauss (Bruselas, 28 de noviembre de 1908-París, 31 de octubre de 2009) fue un antropólogo y etnólogo francés, una de las grandes figuras de su disciplina en la segunda mitad del siglo XX. Al introducir el enfoque estructuralista en las ciencias sociales, fue de hecho el fundador de la antropología estructural, método basado en la lingüística homónima creada por Saussure y desarrollada por el formalismo ruso. Dado el peso de su obra, dentro y fuera de la antropología, fue uno de los intelectuales más influyentes del siglo XX.
  2. Jacques Lombard es un antropólogo francés especializado en el estudio de Madagascar y del país lobi en Burkina Faso. Sus trabajos más recientes tratan sobre el lugar de la imagen en la investigación en ciencias sociales (construcción de los hechos y escritura de la antropología) sobre todo a través del estudio comparativo de los fenómenos religiosos y sobre la aproximación de las nociones del imaginario común y del sujeto social.
  3. Conrad Phillip Kottak ( 6 de octubre de 1942 en Atlanta, Georgia, Estados Unidos) es un antropólogo estadounidense. Doctor en antropología por la Universidad de Columbia, ha realizado investigaciones en Brasil, Madagascar y sobre la cultura norteamericana como el fenómeno Star Trek o Halloween.
  4. La observación participante es un tipo de método de recolección de datos utilizado típicamente en la investigación cualitativa. Es una metodología ampliamente utilizada en muchas disciplinas, particularmente la antropología y la etnología, aunque también en sociología, estudios de comunicación, geografía humana y psicología social. Su objetivo es familiarizarse estrechamente con un determinado grupo de individuos (como un grupo religioso, ocupacional, sub-cultural o una comunidad en particular) y sus prácticas a través de una participación intensa con las personas en su entorno cultural, generalmente a lo largo de un periodo de tiempo extendido. El método se originó en el trabajo de campo de antropólogos sociales, especialmente Bronisław Malinowski en Gran Bretaña, Franz Boas en los Estados Unidos y la investigación urbana posterior de la Escuela de Sociología de Chicago.
  5. Max Scheler (22 de agosto de 1874, Múnich – 19 de mayo de 1928, Fráncfort del Meno) fue un filósofo alemán, de gran importancia en el desarrollo de la fenomenología, la ética y la antropología filosófica, además de ser un clásico dentro de la filosofía de la religión. Fue uno de los primeros en señalar el peligro que implicaba para Alemania el advenimiento del nazismo. Hijo de padre luterano y de madre judía, se convirtió inicialmente al catolicismo, del que más adelante se distanció.
  6. Helmuth Plessner (4 de septiembre de 1892, Wiesbaden - 12 de junio de 1985, Gotinga) fue un filósofo y sociólogo alemán, y uno de los impulsores de la "Antropología filosófica". De hecho se le considera uno de sus fundadores. Desde 1953 hasta 1959, fue director de la Deutsche Gesellschaft für Soziologie. Y hoy en día es conocido por la denominación que hizo sobre la excentricidad del hombre en el mundo, una teoría según la cual el ser humano es el único animal capaz de trascender a su propio cuerpo.
  7. Peter Sloterdijk (Karlsruhe, 26 de junio de 1947) es un filósofo y catedrático alemán de la Escuela de Arte y Diseño de Karlsruhe. Los intereses de Sloterdijk son tan amplios y variados, que superan a muchos de los de sus colegas: la música, el psicoanálisis, la poesía (sobre todo la francesa), la obra de ciertos autores olvidados como Gabriel Tarde, Gaston Bachelard o poco conocidos como Thomas Macho; el arte contemporáneo, la antropología, y un largo etcétera. También se ha preocupado por asuntos políticos, que ha desarrollado tanto en obras de hace tiempo (En el mismo barco) como más recientes (Si Europa despierta), en donde se muestra partidario de una Europa sólida y no sometida a las derivas de las potencias exteriores. Frente al academicismo de otros pensadores, su apuesta por los medios de comunicación, que estudia hace tiempo y sobre los que escribe también, le ha supuesto numerosas críticas. También se distingue del resto por su escritura muy estilizada, literaria incluso, que debe algunos rasgos al impulso de Ernst Bloch o a ciertos franceses virtuosos como Gilles Deleuze, pero adoptando su propia terminología y creación de neologismos arriesgados.
  8. El filósofo cubano-norteamericano Jorge J. E. Gracia destaca en este campo de la antropología filosófica latinoamericana al filósofo y político cubano Enrique José Varona y el célebre filósofo argentino José Ingenieros.
  9. No me resisto citar entre las empresas que se dedican al campo de la socioantropología a la empresa valenciana Eixam Estudis buenos colegas, cuyos lunes sociológicos echamos mucho de menos. Su blog es muy recomendable.
  10. El materialismo cultural es un enfoque de investigación científico en antropología y sociología, que da prioridad a las condiciones materiales en la explicación sobre las causas de las diferencias y similitudes socioculturales. Propone tres divisiones para los componentes de las culturas: infraestructura, estructura y superestructura. La infraestructura corresponde a las prácticas de producción y reproducción y tendría prioridad causal sobre los otros dos sectores por estar más relacionada con la supervivencia y bienestar humanos. La estructura se compone de las características organizativas como las relaciones de parentesco y la política económica. La superestructura se compone de los sectores ideológicos y simbólicos como la religión
  11. Apartándose de las nociones de causalidad y evolución del siglo XIX, muchos antropólogos, influenciados por los escritos de Sigmund Freud, intentaron interpretar las culturas en términos psicológicos. Los escritos de Freud y el antievolucionismo de Boas prepararon todo para el desarrollo del enfoque conocido como cultura y personalidad. Dos de las más famosas discípulas de Boas, Ruth Benedict y Margaret Mead, fueron pioneras en el desarrollo de las teorías de cultura y personalidad. Estas teorías, en general, pueden ser descritas como formas psicológicas del funcionalismo que relacionan las creencias y prácticas culturales con la personalidad individual y la personalidad individual con las creencias y prácticas culturales. Muchos partidarios del enfoque de cultura y personalidad hacen hincapié en la importancia de las experiencias de la primera infancia, como el aprendizaje de la higiene, la lactancia materna y la educación sexual, en la formación de un tipo básico o moral de personalidad adulta o carácter nacional. Algunas teorías de cultura y personalidad intentan explicar las diferencias y similitudes culturales como consecuencia de la personalidad básica o moral. En general, sin embargo, los partidarios de cultura y personalidad no tratan el problema de por qué  las creencias y prácticas que moldean tipos particulares de personalidad o caracteres nacionales tienen lugar en algunas culturas pero no en otras.


Bibliografía:
Antropología, una explicación de la diversidad humana,
Conrad Phillip Kottak,
McGraw-Hill,
Madrid 1999

Introducción a la Etnología
Jacques Lombard
Alianza Universidad
Madrid 1997

Medio siglo de antropología filosófica en la América Latina
Jorge J. E. Gracia
Cuyo Anuario de filosofía argentina y americana. Vol 9. Primera época. Pp. 55-77
Buenos Aires 1973

¿Qué es la antropología?
M. Augé y J. Colleyn
Ed. Paidós Ibérica
Barcelona 2005

Los Cinco Tipos de Funcionarios


Sucesión de pinturas de Magritte (1)


Antes de comenzar este artículo me gustaría curarme en salud, poner las vendas antes de la herida,  adelantándome a las críticas que pudieran hacerse y que, por cierto, me temo que podrían estar justificadas si no se explican debidamente mis intenciones.

En primer lugar éste no es un artículo científico, si acaso, lo único científico que he hecho ha sido observar,  durante 32 años de servicio a mis compañeros y a mí mismo, y extraer unas hipótesis. Pero tengo que admitir que no las he contrastado empíricamente, los tipos que voy a exponer aquí no tienen validez científica, pueden que a algunos os resulten caricaturas,  aunque – si conocéis a la Administración española por dentro - seguro que vais a reconocer a ciertas personas en alguna de mis caricaturas. En mi descargo diré que no he encontrado ningún estudio serio acerca de la productividad del funcionariado en España, no digo que no lo haya, simplemente lo he buscado y no lo he encontrado. Tampoco se trata de un artículo divulgativo, de esos que acostumbro hacer, en los que cito a los autores importantes e intento hacer sencillos los conceptos complicados para llegar al público en general.

En segundo lugar querría dejar más claro todavía que este artículo no es ningún ataque al funcionariado. Soy funcionario y a mucha honra. Últimamente con este debate que se está manteniendo acerca de los límites del humor, provocado por el poco sentido del humor de ciertas instituciones y organizaciones de nuestro país, he oído a ciertos maestros de la comedia decir que si alguien pertenece a un determinado colectivo está legitimado para hacer humor sobre ese colectivo, de alguna forma, una persona de raza negra podría hacer chistes racistas o una persona discapacitada podría mofarse de su propia discapacidad. No estoy seguro de ello, sí que he visto muestras de este tipo de humor y me he reído claro, pero no estoy seguro de que ser funcionario me habilite para decir cualquier cosa, humorística o no, de los funcionarios. En cualquier caso no voy a hacer chistes pero sí que me voy a aproximar desde el humor a las distintas clases de personas con las que me ha tocado trabajar, como subordinado o como jefe, durante esos 32 años de servicio que decía antes y puedo afirmar que lo último que quiero es ridiculizar al colectivo al que pertenezco.

Una de las formas principales de análisis de cualquier fenómeno, ya sea social o natural, es realizar una clasificación de los valores que puede tomar. Todo fenómeno se puede descomponer en categorías en función de esos valores y se puede hacer de maneras diferentes, desde distintos puntos de vista o dimensiones. Una de esas dimensiones, en el estudio del funcionariado que es de lo que se trata, puede ser la productividad. Podrían ser los Cuerpos funcionariales, los grupos de titulación, la edad o la remuneración, pero en este artículo nos vamos a fijar en la productividad.

Si nos ponemos serios, por productividad se entiende, de un modo general, la producción por cada trabajador, o bien, la producción por cada hora trabajada, o cualquier otro tipo de indicador de la producción en función del factor trabajo. Es decir, en este artículo nos hemos impuesto la tarea – nada más y nada menos - de clasificar a los funcionarios según la cantidad de trabajo que llevan a cabo.

Esto no es fácil, por eso quizás sea tan difícil encontrar un estudio acerca de este tema, es más sencillo medir la productividad en una fábrica que en una oficina, es más fácil medir la productividad en un sector concreto que en la Administración en la que trabajan cientos de miles de personas con funciones muy distintas en muy diversos sectores. Es más en España, al menos en lo tocante a la Administración General del Estado, la productividad es sinónimo de productividad horaria, es decir, se trata de un complemento que se cobra por el horario extendido que el funcionario cumple no por la cantidad ni por la calidad del trabajo que desempeña. Situándonos en el extremo, el funcionario en cuestión podría calentar la silla durante toda la jornada sin hacer nada y le pagarían el complemento de productividad porque lo que se mide es el tiempo de permanencia en el trabajo. No es broma, conozco casos.

Así pues, ante tanta dificultad para medir, como he adelantado en párrafos anteriores, vamos a rebajar el nivel científico de este asunto y nos vamos a conformar con hablar de cantidad de trabajo abstrayéndonos de unidades y medidas.

Para hacerlo vamos a recurrir a una metodología que inventó el gran sociólogo alemán Max Weber (2): “Los tipos ideales”.  Para Weber, la identificación de tipos ideales era una de las tareas básicas de la sociología. Consiste en establecer unos valores genéricos, que actúen como modelos que permitan describir un fenómeno, a partir de los valores reales del mismo. Son una abstracción de la realidad, nunca se verá un tipo ideal caminando a nuestro lado, sin embargo, si se observarán las  características de ese tipo ideal.  Por todo ello, los tipos ideales no pueden agotar la realidad, esta es mucho más compleja, pero nos dan una idea de la misma. En definitiva, como dijo Lachman (3), los tipos ideales son en esencia una vara de medir.

Los tipos ideales que se van a usar son de mi cosecha. Les he puesto un nombre, desde el buen humor, lo más descriptivo posible. De esta manera intento hacer más fácil la identificación por parte de los lectores que conocen esos tipos de personas y, por supuesto, se intenta la comprensión de los lectores que se hallan lejos de la Administración, a los que no les es nada fácil comprender los mecanismos internos de la misma, porque muchas veces para entender lo que pasa en los organismos públicos hay que estar dentro de ellos, y a veces ni eso te garantiza la comprensión de lo que pasa. Lo que sí puedo afirmar es que a todas las personas que he conocido trabajando las puedo colocar en alguno de estos tipos que he ido identificando con el tiempo. Los tipos los voy a ordenar desde los menos trabajadores a los que más trabajan.

El primer tipo ideal es el “barredor de medias baldosas”. El término está tomado de “Astérix y el escudo averno”, en este álbum, “Magníficus” es el legionario más vago de todo el ejército romano. Con ese currículo, como es natural, se pasa su vida militar arrestado por sus superiores y cuando le castigan a barrer el patio de armas de la casa del Gobernador, barre primero media baldosa, descansa o dormita un buen rato apoyado en su escoba y, a continuación, barre la otra media para desesperación de su decurión que le amenaza con barrer todas las medias baldosas desde la Galia hasta Roma.

Puede parecer sólo un personaje de cómic pero hay personas que no hacen absolutamente nada. De hecho pensé en el símil de Magnificus cuando conocí un archivero de un Registro Civil que dejaba a menudo las carpetas a medio archivar encima de los archivadores o de su mesa de trabajo.

Estos funcionarios rebotan de una unidad administrativa a otra y en todas ellas siempre pasa lo mismo. Se les aísla y se espera la oportunidad de colocárselo a otra unidad. En esta operación de traslado se suelen ocultar sus malos hábitos con el fin de que los destinatarios no pongan reparos a la hora de aceptar los servicios del barredor.

El “barredor de medias baldosas” es consciente de sus limitaciones, no aspira a ascender, no pide subidas, espera tranquilamente la jubilación.

El “barredor de medias baldosas” existe pero es muy poco común, el grupo está compuesto por pocas y selectas personas. ¿Por qué se trata de un número pequeño de empleados?, básicamente porque para ser barredor de medias baldosas hay que valer. Se es de esta manera, se nace. Una persona medianamente normal necesita de alguna actividad cerebral, los barredores se pueden pasar horas sin hacer absolutamente nada.

El "barredor de medias baldosas" es un fenómeno que sólo puede darse en la Administración pública pues en la empresa privada, por definición, no puede consentirse su presencia, ya que sería antieconómico. La facilidad para el despido es mucho mayor en la empresa privada por lo que no cargan con este tipo de personas.

El segundo tipo ideal es el “de la carretilla boca abajo”. He denominado a este grupo de esta manera pues cada vez que me he encontrado con uno de ellos siempre me he acordado de un chiste que contaba mi padre. El chiste es como sigue: “en una obra todos los obreros están confundidos, ha entrado recientemente un obrero que lleva siempre la carretilla boca abajo. Cada vez que le echan ladrillos éstos se caen por los lados pero él, impertérrito, sigue llevando la carretilla del mismo modo. Hasta el punto de que ya ni se molestan en echarle ladrillos. Todos andan diciendo en voz alta y entre grandes risas que el nuevo está loco; pero él cada vez que los oye dice entre dientes para que no le oigan: ¿loco?, sí, pero a mí no me pesa la carretilla”.

Este tipo es más frecuente que el anterior y, al contrario que él, solicita traslados, empuja y da codazos ante una plaza libre que mejora su situación o ante un ascenso.

Si el “barredor de medias baldosas” no se da en la empresa privada pues es antieconómica su presencia, el de la carretilla si está presente, pues él no se niega por principio a trabajar. Su estrategia es más sutil, no hace bien su trabajo, dice que no sabe o que no ha recibido tal o cual curso de formación, pone muchos inconvenientes o se equivoca selectivamente cuando el trabajo no es de su agrado. De manera que su inmediato superior, que es el que normalmente tiene que bregar con él, acaba no encargándole trabajos, pues es más fácil realizarlos uno mismo que encargarlos a alguien tan ineficaz.

Esta estrategia laboral se acompaña de otra estrategia en las relaciones con los compañeros. Este tipo de personas se comporta de manera agresiva, antipática, a veces un poco errática. De esta manera se gana un espacio a su alrededor que pocos osan pisar. Este espacio neutral, esta tierra de nadie, contribuye a crear una imagen asocial que ayuda a su estrategia general en el sentido de que hace todavía más difícil que se le encarguen trabajos.

El siguiente tipo es el “cumplidor del expediente”. Se trata del tipo ideal más común. El cumplidor es el tipo adaptativo por excelencia, estudia el nivel medio de trabajo del grupo al que pertenece y se ajusta no saliéndose de ese margen. Esta continuamente estudiando este nivel medio de trabajo y decidiendo si él está ajustado al mismo, si decide que no lo está incrementará su productividad hasta conseguir adaptarse, en caso contrario reducirá su trabajo hasta alcanzar lo que él considera que es justo.

En caso de traslado de un grupo de trabajo a otro se convierte temporalmente en el siguiente tipo ideal – el eficiente – hasta que calibra la nueva cantidad media de trabajo y las costumbres laborales del nuevo grupo, reduce su actividad y vuelve al tipo ideal del que partió. 

Es un experto en agravios comparativos, está pendiente de cada movimiento que se realiza en su grupo de trabajo y cuando se considera tratado injustamente intenta por todos los medios que se vuelva al status quo de partida.

Los miembros de este grupo son los que marcan el nivel medio de trabajo de una unidad. Presionan sobre el resto de los funcionarios para que se adapten a ese nivel medio. Esta presión se realiza tanto sobre los que están por debajo de ese nivel de trabajo como los que están por encima, de esta manera, acaban por  establecer el nivel medio de trabajo aceptado grupalmente.

El cuarto tipo que te puedes encontrar si te relacionas con la Administración pública es el “eficiente”. Es el funcionario que resuelve problemas, el que  conoce la normativa al dedillo, aquel al que todos preguntan cuando surge una pregunta - normalmente porque la formula un ciudadano - que no estaba prevista en el guion.

Podría entenderse, en buena lógica, que el “eficiente” destacara y ascendiera en la estructura jerárquica, o al menos que tuviera el reconocimiento de los compañeros. Pero las organizaciones jerárquicas no funcionan de esa manera. No existe una correlación directa entre la eficiencia y el progreso en una carrera administrativa. Existen muchos condicionamientos, restricciones que impiden que esto sea así. Por ejemplo, se puede ser competente pero estar en la parte inferior del escalafón o carecer de la titulación universitaria exigida. 

En cuanto al reconocimiento de los méritos, todos sabemos cómo es el ser humano - no sólo los funcionarios - y cuánto nos cuesta reconocer las virtudes de los demás.

Por estas razones, el ser eficiente, es un estado que generalmente solo es temporal. Se suele producir cuando alguien es nuevo en el puesto, cuando eres un joven recién salido a la selva del mercado laboral, cuando existe una posibilidad de ascenso o cuando algún funcionario se halla en comisión de servicio y puede regresar fácilmente a su situación anterior.

El “eficiente” representa el tipo ideal de funcionario que deseamos que nos toque cuando tenemos contacto con la Administración. Sus características representan el ideal de funcionamiento de las instituciones. Por tanto representa el nivel medio de trabajo solicitado socialmente a la Administración del Estado.

El quinto, y último, tipo es el “héroe funcionarial”. El héroe es aquel funcionario que es eficiente durante toda su vida laboral a pesar de los problemas descritos en el apartado anterior. Es inasequible al desaliento, a la presión del ambiente y a la falta de recompensas. Nada de esto mina su espíritu y siempre resolverá problemas, cumplirá el horario, conocerá la normativa y contestará a las preguntas no previstas en el guion.

El héroe funcionarial es muy poco común, como le pasa al “barredor de las medias baldosas” que es su tipo opuesto, se trata de alguien que tiene que nacer con esas características.

Estos son los cinco tipos que he extraído de mi observación continua durante tantos años, es una clasificación subjetiva, por tanto otros podrían proponer otra distinta o quitar y poner tipos. Mi mujer, cuando leyó los borradores de este artículo, me dijo que echaba a faltar otras clases. Cuando le dije que concretara más me dio dos ejemplos: el trepa y el acomplejado. Pero lo cierto es que para mí, el trepa – una institución que no afecta solamente a los organismos públicos – y el acomplejado, pertenecen a otro tipo de clasificaciones, el primer tipo estaría dentro del campo de las motivaciones o de la ética y el segundo de la psicología, no me parecen tipos de una clasificación en función de la cantidad y calidad de trabajo que realizan. El trepa, que viene de trepar, sería aquel que busca el ascenso o la influencia sin importarle los medios que usa para conseguirlo. Los trepas que yo he conocido suelen ser eficientes porque algo tienen que aportar para postularse además de sus sucias técnicas a la hora de medrar. En cuanto a las personas con algún tipo de complejo patente pueden ser cualquier cosa, pero yo me los suelo encontrar entre los de la “carretilla boca abajo”, en el centro justo de ese espacio vacío que mantienen en su relaciones sociales.

Existe en la sociedad la idea de que el funcionariado no trabaja. Cuántos chistes, cuántos comentarios se pueden oír al respecto. Pero alguien ha de trabajar puesto que, de mejor o peor manera, la Administración está operativa. La idea general que hay en la sociedad de que el funcionario no trabaja viene de la existencia de tipos como el “barredor de medias baldosas” y el de la “carretilla boca abajo”, que muchas veces es patente y trasciende al medio social. La tolerancia a estas posturas viene de la dificultad de la Administración para despedir a ese tipo de personal. Pero si obviamos estas figuras, que al fin y al cabo son minoritarias, ¿qué diferencia se observa entre, por ejemplo, el personal de un Ministerio y el de una empresa privada dotada de una organización burocrática?. 

Los problemas que manifiesta la Administración tienen su origen, más que en su personal – siendo éste un aspecto de urgente estudio y mejora - en otras esferas, como son la falta de una organización funcional superpuesta a la jerárquica, una falta total de planificación, falta de objetivos identificados, la rutinización, la anomia y otras cuestiones organizacionales. Bastaría con que cada unidad estableciera unos objetivos para sus empleados y un tiempo para llevarlos a cabo para que inmediatamente mejoraran las cifras, al final probablemente sólo se trata de eso, de cierto abandono por parte de los que mandan. No quiero ser cínico pero, aunque no lo comparta totalmente, no me resisto a poner aquí la opinión del escritor francés Paul Masson (4) cuando escribió que los funcionarios son como los libros de una biblioteca: los situados en los lugares más altos son los más inútiles.

Y no puedo terminar este artículo sin mojarme, sin autocalificarme dentro de mi clasificación. Me parece justo que si me atrevo a opinar de los demás opine de mí mismo también. Mi situación, como la de todos los empleados públicos con una antigüedad significativa, ha pasado por todos los estados. He tenido épocas buenas y malas, en algunas ocasiones muy malas, cuando no contaba con la confianza de algún superior indigno de confianza. En general, puedo decir que he llevado bien este tipo de situaciones, pero no puedo decir que en esos momentos yo fuera eficiente, en parte porque no me dejaban serlo. Reconozco que ha habido períodos en los que me he limitado a cumplir el expediente en espera de tiempos mejores. En el resto del tiempo, la mayoría diría yo, creo que he sido bastante eficiente.

Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo



Dedicatoria:

A Sara, mi heroína funcionarial, a la espera de que le lleguen tiempos mejores.

Notas:

  1. René François Ghislain Magritte (21 de noviembre de 1898, en Lessines, Bélgica - 15 de agosto de 1967, en Bruselas, Bélgica) fue un pintor surrealista belga. Conocido por sus ingeniosas y provocativas imágenes, pretendía con su trabajo cambiar la percepción precondicionada de la realidad y forzar al observador a hacerse hipersensitivo a su entorno. Magritte dotó al Surrealismo de una carga conceptual basada en el juego de imágenes ambiguas y su significado denotado a través de palabras, poniendo en cuestión la relación entre un objeto pintado y uno real, en este sentido, me parece maravilloso el cuadro en el que pinta una pipa muy realista y pone un texto en el que dice “esto no es una pipa”, repite este tipo de pinturas con las manzanas, “esto no es una manzana”. Yo me siento extrañamente identificado con los cuadros en los que aparece un hombre formalmente vestido, incluso con sombrero bombín, al que nunca se le ve el rostro.
  2. Maximilian Carl Emil Weber (Erfurt, 21 de abril de 1864-Múnich, 14 de junio de 1920) fue un filósofo, economista, jurista, historiador, politólogo y sociólogo alemán, considerado uno de los fundadores del estudio moderno de la sociología y la administración pública, con un marcado sentido antipositivista.
  3. Richard Lanchman es profesor de la Universidad del Estado de Nueva York en Albany, especialista en historia de la sociología.
  4. Paul Masson (1849-1896) fue un abogado, magistrado,  mistificador y escritor francés



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